Durante largos años la vestimenta de tenis fueron vestidos largos, corsés, sombreros, enormes hombreras y botines. Definitiva era moda de élite, la cual diferenciaba su clase social con lujo, pero dificultaba enormemente el movimiento, la flexibilidad y la comodidad que se necesitaba en un deporte como tal.

Por supuesto, no se puede olvidar ese color blanco sin excepción que permitía disimular el sudor. Esa era la estricta moda femenina del tenis en sus comienzos. Un espejo de la moda de alta sociedad de aquélla época y un reflejo de un deporte de élite, no accesible a todos.

Las primeras vestimentas

A fines del siglo XIX, los hombres jugaban en pantalones y camisas de franela de larga duración, a veces cubiertas con un suéter con cuello en V. Las mujeres vestidos hasta los tobillos con mangas.  Ambas vestimentas completamente blancas.

Hasta la actualidad, Wimbledon ha sido el único torneo dónde los colores no han podido entrar y el uso del blanco en todas las prendas de los jugadores es obligatorio.

En 1930 los jugadores masculinos comenzaron a utilizar pantalones más cortos, y las mujeres acortaron el largo de los vestidos y faldas.

Suzanne Lenglen, leyenda francesa del tenis, sorprendió a todos en Wimbledon al llevar un vestido en el que exponía sus antebrazos y piernas.

Las mujeres

En el tenis femenino, la leyenda Margaret Court australiana, fue tendencia por sus victorias, y por implementar también sus pantalones falda, los cuales les permitía desplazarse por la pista con gran desempeño, comodidad y presencia.

Billie Jean King y Chris Evert fueron seguidoras de esa moda llevándola durante sus competencias, pero le dieron más vida y color a sus vestimentas.

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En la década del ’80, Mónica Seles, Martina Hingis o Arantxa Sánchez-Vicario fueron las principales exponentes de rayas, flores y curvas, en sus indumentarias. Esto provoco que las principales marcas de ropa en el tenis comenzaran a diseñar prendas cómodas para que destaquen en las grandes estrellas y sean un atractivo para vender.

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Los hombres

La evolución en el tenis masculino comenzó en los años ’70 cuando aparecieron shorts cortos muy populares provenientes del fútbol y el basquet. Una década después, los colores también se presentaron en las vestimentas de los varones, siendo André Agassi, su principal modelo. Más por la actualidad, Rafael Nadal en sus inicios, con sus musculosas y bermudas que llegaban hasta las rodillas.

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La ropa en el tenis comenzó siendo un elemento para la clase alta, hacían hincapié en diferenciarse de las otras clases. Representados por el color blanco de la pureza. Pero gracias a las luchas, la empatía, la civilización, y con el correr de las décadas, ese sentido cambió.

Se puso por delante la comodidad de los jugadores a la hora del juego. Por último, la ropa tomo un rumbo más comercial, donde las marcas pagaban y pisaban fuerte para generar más ventas. Lo cual generó que cada jugador tenga más de una prenda por temporada y por supuesto convertirse en los rostros de grandes campañas publicitarias.

En la actualidad sigue presente esta modalidad dónde las marcas seleccionan embajadores o realizan canjes, es decir, un beneficio por otro. Los tenistas utilizan su llegada y seguidores para presentar la marca y las prendas, y las marcas ofrecen esas prendas a cambio de esa llegada para concretar más ventas y ganar más seguidores.

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